DULDS – EL ETERNO ENDEUDADO

—Mierda, Ray—Dulds maldijo por lo bajo su mala fortuna mientras observaba la pareja de ases frente a él—. Tienes que decirme tu secreto.
Ray río en voz alta mostrando su afilada dentadura.
—No ser tú —le sonrió complacido—.
Dulds agitado, lanzó sus dos cartas sobre la mesa descubriendo su farol.
—No es culpa mía perder siempre.
—No, pero si subir la apuesta —le recordó su amigo mientras recogía las últimas monedas—. ¿Has comido hoy?
El lagarto giró el rostro fingiendo que no había escuchado la pregunta, gesto que fue acompañado por el grave borboteo de sus tripas y el largo suspiro de Ray.
—Al menos toma esto —le extendió el brazo ofreciéndole un gran trozo de pan aguado por la insoportable humedad de la caverna—.
—Vuelvo al trabajo —siseo Dulds tras arrancarle la hogaza de la mano y llevársela a la boca—.
Aquello era lo primero que había ocupado su estómago en dos días, las deudas no se pagaban comprando comida.
<<Y tampoco jugando>>.
Se reprochó a sí mismo consciente de que saberlo no cambiaría nada.
Cargó de nuevo el pico sobre su hombro y puso rumbo a una de las galerías.
—No te olvides del casco —puntualizó Ray mientras se colocaba el suyo—. Te aplastará algún pedrusco si sigues así.
—A eso le llamaría tener suerte y ya deberías saber que no es lo mío —rio adentrándose en el túnel más cercano—.