N-LESONE – EL SABIO DE LOS TRES SOLES

—…y los dioses orarán junto a nosotros cuando los Soles se posen en el camino.
Los huesudos dedos del hombre cerraron el gran libro. Tragó saliva con dificultad y buscó con la mirada el vaso de agua sobre el atril. Sus seguidores se mantenían expectantes mientras uno de sus discípulos más jóvenes, con un único Sol sobre su cabeza, le ofrecía el segundo tomo.
—Aquí tiene Maestro
El niño inclinó casi todo su cuerpo en una devota reverencia cuando el libro fue retirado de sus manos. Volvió a su sitio.
Desde aquel lugar apartado del escenario, el joven podía observar los vidriosos ojos de los fieles escuchando las escrituras de los Tres Soles de la Veneración. Apartó la mirada de las personas y se permitió estudiar la sencilla portada del tercer volumen, repasando con entusiasmo cada una de las letras doradas con la yema de sus dedos. Respiró hondo. Solo debía acatar la virtud de la paciencia y esperar en silencio hasta poder entregarlo.
Tal vez algún día sería él el privilegiado de leer las escrituras sagradas, de proclamar el camino de los Tres Soles, la única verdad. Le encantaba imaginarse a sí mismo como un gran y próspero hombre que traería la paz al reino, orando junto a los dioses para ensalzar al cielo y su magnificencia. La imagen era clara e imperturbable en su mente.
Alguien tosió fuerte.
El niño salió de su ensoñación y observó como las personas, a excepción del gran Sabio, le miraban con impaciencia. Se levantó veloz y le ofreció el tercer libro, tal como lo había hecho con los anteriores.
—El futuro es un bello cuadro que podemos contemplar muy pocos, mi querido N-Lesone —le anunció su Maestro con una voz débil pero hipnótica—.
El joven alzó el rostro y los ojos del Sabio le dedicaron una misteriosa sonrisa, una que sus labios resecos fueron incapaces de curvar.