ONI

ONI – INSTIGADOR

El dulce aroma a sangre penetró por su nariz. Respiró profundamente la fragancia, embriagándose de su esencia durante unos segundos antes de vaciar todo el aire de sus pulmones en un denso y amenazante humo.
Sus ojos relucieron de placer.
Los estridentes gritos de angustia que se alzaban al cielo formaban una melodía perfecta, una que le incitaba a torturar a cientos de humanos por la mera satisfacción de verles perecer en la agonía.
Colocó su mano impaciente sobre la empuñadura del arma que portaba al cinto y frunció el ceño al observar que no había sangre fresca sobre ella.
Sacudió la cabeza.
Aunque en aquellos momentos no se encontraba en primera línea, sus hermanos cumplían con el trabajo de limpieza tan bien como lo habría hecho él. Su misión era otra, debía mantener el éxtasis de la horda, recordarles que un derramamiento de sangre era la mayor ofrenda a su señor.
Cogió aire de nuevo y acercó sus labios al gran cuerno, procurando que sus colmillos no rozaran la pulida superficie.
Sopló con todas sus fuerzas.
El rugido de sus entrañas llegó a oídos de sus camaradas, como un aullido que reclamaba más sacrificios, más odio, más ferocidad. Exigiendo la victoria.