MAGRITE

MAGRITE – LA TITIRITERA DE CUERPOS

<<Magrite…>>
La voz resonó en su cabeza, tan grave como si su eco surgiese de las profundidades del mundo.
<<Oh, querida Magrite, que anhelado el momento de encontrarnos.>>
Las cadenas de sus brazos tintinearon al son de su cuerpo, había estado esperando mucho tiempo aquellas arrastradas palabras.
—Mi señor… —su voz, entrecortada por los años de silencio, tembló de emoción—.
<<El mundo cambia de nuevo mi pequeña, el resurgir del caos es inminente, la paz es el sueño de los ingenuos.>>
El rostro de Magrite, oculto por las sombras, se desfiguró en una siniestra sonrisa de placer.
—Siempre estaré a su servicio, mi amado señor —proclamó en voz alta—.
—¡Tú! —El guardia golpeó las rejas con su arma—. ¡¿Con quién estás hablando?!
Aquellas palabras solo eran ruido lejano en comparación con la profunda melodía de su cabeza. Había permanecido demasiados años pudriéndose sin poder pudrirse. Sola, aislada de su sed y ansia de sangre. Sin una mísera y muerta compañía…
El hombre abrió la puerta, visiblemente molesto, y recostó la punta de su lanza sobre el cuello de ella.
<<Ya sabes dónde encontrarme Magrite, mi fuego eterno.>>
Fue lo último que escuchó antes de que el guardia se sujetara el cuello con ambas manos, dejando caer el arma que segundos antes sostenía. El rostro del centinela pasó por un sin fin de tonalidades antes de perecer asfixiado a los pies de Magrite.
Ella lo observó eufórica, era un regalo por su devota espera, un obsequio a su lealtad, un tributo a la titiritera de cuerpos.

ONI

ONI – INSTIGADOR

El dulce aroma a sangre penetró por su nariz. Respiró profundamente la fragancia, embriagándose de su esencia durante unos segundos antes de vaciar todo el aire de sus pulmones en un denso y amenazante humo.
Sus ojos relucieron de placer.
Los estridentes gritos de angustia que se alzaban al cielo formaban una melodía perfecta, una que le incitaba a torturar a cientos de humanos por la mera satisfacción de verles perecer en la agonía.
Colocó su mano impaciente sobre la empuñadura del arma que portaba al cinto y frunció el ceño al observar que no había sangre fresca sobre ella.
Sacudió la cabeza.
Aunque en aquellos momentos no se encontraba en primera línea, sus hermanos cumplían con el trabajo de limpieza tan bien como lo habría hecho él. Su misión era otra, debía mantener el éxtasis de la horda, recordarles que un derramamiento de sangre era la mayor ofrenda a su señor.
Cogió aire de nuevo y acercó sus labios al gran cuerno, procurando que sus colmillos no rozaran la pulida superficie.
Sopló con todas sus fuerzas.
El rugido de sus entrañas llegó a oídos de sus camaradas, como un aullido que reclamaba más sacrificios, más odio, más ferocidad. Exigiendo la victoria.

DIV

DIV – AEROMECÁNICA, SECTOR 5, CUADRANTE ESTE

Div esperaba en la oficina caminando en círculos, ya que el sofá para invitados era demasiado caro para siquiera atreverse a mancharlo de grasa. No, aquel lugar no era para ella, sino para los ricachones que embaucaba su jefa a fin de que invirtieran en las nuevas aeronaves.
Una elegante y esbelta mujer entró decidida en el despacho y ocupó su lugar tras el escritorio.
—¿Otra vez? —le inquirió mientras ordenaba los papeles sobre la mesa—. Es la quinta queja en un mes. ¿Qué hizo ahora? ¿Te confundió con una niña? ¿Se rio de tu altura? ¿Se cayó por la borda nada más despegar, de nuevo?
Div puso los ojos en blanco al recordar lo complicado que fue encontrar a ese estúpido abrazado a un árbol.
—Me aseguró que había arreglado un fallo en la cuarta turbina de un AeroFénix.
La mujer enarcó una ceja confirmando que no era suficiente.
—¡Oh, vamos! —le imploró Div—. Sabes igual que yo que un AeroFénix solo tiene dos turbinas, apenas conoce lo básico —se dejó caer en el sofá derrotada. Masajeándose la sien con la yema de sus dedos ignoró el gesto de desaprobación frente a ella—. Tuve que repasar toda la puñetera nave de arriba a abajo para averiguar que narices era la cuarta turbina porque ni tan siquiera recordaba donde estaba.
—Olvídalo.
—Pero…
—Ya no puedo darte un trato especial —le reclamó su jefa—. Eres la mejor en plantilla y te permitía trabajar sola por ello, pero estás obligada a tener al menos un aprendiz, al igual que cualquier otro en tu posición —la mujer se incorporó decidida y señaló la puerta—. Así que fuera de aquí, porque a no ser que ese idiota se caiga de nuevo de una nave en marcha, no quiero verte más en mi oficina.
Div dio un gran portazo al salir del despacho e hizo señas al joven que esperaba nervioso su regreso para que le siguiera.
—Has tenido suerte de nuevo, novato —le informó sin disimular su decepción—. Ya puedes estudiar como si tu vida dependiera de ello —le advirtió—. Porque te juro que la próxima vez seré yo quien te lance al vacío de una patada.

N-LESONE

N-LESONE – EL SABIO DE LOS TRES SOLES

—…y los dioses orarán junto a nosotros cuando los Soles se posen en el camino.
Los huesudos dedos del hombre cerraron el gran libro. Tragó saliva con dificultad y buscó con la mirada el vaso de agua sobre el atril. Sus seguidores se mantenían expectantes mientras uno de sus discípulos más jóvenes, con un único Sol sobre su cabeza, le ofrecía el segundo tomo.
—Aquí tiene Maestro
El niño inclinó casi todo su cuerpo en una devota reverencia cuando el libro fue retirado de sus manos. Volvió a su sitio.
Desde aquel lugar apartado del escenario, el joven podía observar los vidriosos ojos de los fieles escuchando las escrituras de los Tres Soles de la Veneración. Apartó la mirada de las personas y se permitió estudiar la sencilla portada del tercer volumen, repasando con entusiasmo cada una de las letras doradas con la yema de sus dedos. Respiró hondo. Solo debía acatar la virtud de la paciencia y esperar en silencio hasta poder entregarlo.
Tal vez algún día sería él el privilegiado de leer las escrituras sagradas, de proclamar el camino de los Tres Soles, la única verdad. Le encantaba imaginarse a sí mismo como un gran y próspero hombre que traería la paz al reino, orando junto a los dioses para ensalzar al cielo y su magnificencia. La imagen era clara e imperturbable en su mente.
Alguien tosió fuerte.
El niño salió de su ensoñación y observó como las personas, a excepción del gran Sabio, le miraban con impaciencia. Se levantó veloz y le ofreció el tercer libro, tal como lo había hecho con los anteriores.
—El futuro es un bello cuadro que podemos contemplar muy pocos, mi querido N-Lesone —le anunció su Maestro con una voz débil pero hipnótica—.
El joven alzó el rostro y los ojos del Sabio le dedicaron una misteriosa sonrisa, una que sus labios resecos fueron incapaces de curvar.

DULDS

DULDS – EL ETERNO ENDEUDADO

—Mierda, Ray—Dulds maldijo por lo bajo su mala fortuna mientras observaba la pareja de ases frente a él—. Tienes que decirme tu secreto.
Ray río en voz alta mostrando su afilada dentadura.
—No ser tú —le sonrió complacido—.
Dulds agitado, lanzó sus dos cartas sobre la mesa descubriendo su farol.
—No es culpa mía perder siempre.
—No, pero si subir la apuesta —le recordó su amigo mientras recogía las últimas monedas—. ¿Has comido hoy?
El lagarto giró el rostro fingiendo que no había escuchado la pregunta, gesto que fue acompañado por el grave borboteo de sus tripas y el largo suspiro de Ray.
—Al menos toma esto —le extendió el brazo ofreciéndole un gran trozo de pan aguado por la insoportable humedad de la caverna—.
—Vuelvo al trabajo —siseo Dulds tras arrancarle la hogaza de la mano y llevársela a la boca—.
Aquello era lo primero que había ocupado su estómago en dos días, las deudas no se pagaban comprando comida.
<<Y tampoco jugando>>.
Se reprochó a sí mismo consciente de que saberlo no cambiaría nada.
Cargó de nuevo el pico sobre su hombro y puso rumbo a una de las galerías.
—No te olvides del casco —puntualizó Ray mientras se colocaba el suyo—. Te aplastará algún pedrusco si sigues así.
—A eso le llamaría tener suerte y ya deberías saber que no es lo mío —rio adentrándose en el túnel más cercano—.

MATERNIDAD

Premio Local Picanya – 16a edició poesia Camí de la Nòria 2023

MATERNIDAD

El origen, el llanto,
los ansiados y efímeros silencios,
el insaciable tronar de la urgencia.
Del sueño, de su ausencia.
Cubierta con un manto
y exenta de dulzor, la coherencia.

Instante, el parpadeo.
De leve besar y caliente el pecho,
de ternura y de suave gorgoteo…

Y grito, caigo, pego
cristal roto de velado relevo.
Sigo, resisto y observo
mirada cansada en un cuerpo nuevo
que no reconozco, pero preservo,
que nunca es solo mío,
que lo es también del tiempo.

Respiro. Me detengo.

Nacido de una mirada y su cruce,
el oasis. Ansiada la existencia
que invade, que reluce,
que se curva y se afina.
Desaparece el pesar, horizonte,
hipérbola genuina.

Y cuando el yo de ayer se desvanece,
más calmado es el suspiro del alma.
Rostro alto, vista al frente.
Nunca desapareces.
Evolucionas, creces.

Y te alzas agotada, somnolienta.
Y le amas agotada, somnolienta.
Y te amas agotada, somnolienta.

VIGILIA

VIGILIA

Junto al caer del manto constelado,
bosques de sombra y tiritar trenzado,
contemplo mi figura.

Cada noche despierto sin despertar
y difusa pero inconfundible,
mi silueta descansa en el horizonte desdibujado
de la vigilia.

Soy yo sin ser yo.
Existo sin estar.
Hasta que la luz,
resorte de vida,
quema.

Y cada mañana duermo,
escondida entre colores extremos
que apenas rozan la exaltación del sentimiento.
Mientras, la nada devora mis palabras
y mis huellas inquietas
e incompletas,
esperan el ocaso.

Soy yo sin ser yo.
Existo sin estar.
Extendiendo el límite de la palabra,
antónimo de la homogeneidad absoluta,
esencia del yo.
Hasta que la luz,
resorte de vida,
se consume.

TEMPESTAD

TEMPESTAD

Grito,
lloro que desvanece sangre,
veneno escupido.
Surge luz que se enciende
en medio de la nada,
solo un húmedo sabor
a estridente roca y silencio.
Burla imparable que apoya al miedo
que quiere aparecer
y sumirnos en lo inequívoco
del despertar.
Limpiando sucios mundos
con velas negras en viajes sin lucero.
Después, caer y hacer
que huela el ruido,
iluminar con sombras
cielos sin pájaros.
Y calma… silencio que renace
y muere de nuevo.